sábado, 22 de octubre de 2011

SÍNDROME DE ESTOCOLMO

SÍNDROME DE ESTOCOLMO POR EMILIO MELUK
La información presentada a continuación fue el resultado de una investigación "El Secuestro, una muerte suspendida" realizada por Emilio Meluk en 1998, sobre los efectos Psicológicos del secuestro en sus víctimas. Este trabajo ha sido un gran aporte a la problemática social del secuestro; su estudio se centra en las experiencias vividas por ochenta ex secuestrados después de su liberación y un número similar de familias.

La expectativa por saber si padecieron, o padecen el Síndrome de Estocolmo es una de las preocupaciones más expresadas por parte de los ex secuestrados después de la liberación. Se preguntan, reiteradamente, si algunos de sus comportamientos durante el cautiverio, y después de haber sido liberados, corresponden a esta secuela del secuestro. Lo ex­presan con signos claros de temor y remordimiento, como si de haberse presentado en ellos significara haber sido "débiles”, “haber claudicado”', o ser portadores de un estigma nefasto y vergonzante.

Hay que aclarar, en primera instancia, que por misma definición de este síndrome, la identificación con los propósitos de los secuestradores debe ser un proceso psicológico inconsciente; por lo tanto, cuando se presenta el síndrome de Estocolmo, el secuestrado expresa simpatías por los plagiarios sin un propósito deliberado ni con un objetivo explícito. El Síndrome de Estocolmo es simplemente algo que la víctima de secuestro percibe, siente y cree que es razonable que sea de esa manera, sin percatarse de la identificación misma ni sentirla como tal. Solamente un observador externo podría encontrar desproporcionado e irracional el que la víctima defienda o adopte actitudes para disculpar a los secuestradores y justificar los motivos que tuvieron para secuestrarlo. Para que se pueda desarrollar el Síndrome de Estocolmo los expertos del tema aseguran que es necesario que el secuestrado no se sienta agredido, violentado ni maltratado por los plagiarios. De lo contrario, el trato negativo se transforma en una barrera defensiva contra la posibilidad de identificarse con sus captores y aceptar que hay algo bueno y positivo en ellos y sus propósitos. Si se tiene en cuenta que los ex secuestrados califican las condiciones de secuestro y el trato de los plagiarios como deleznable, y afrentoso, esos mismos hechos impiden el desarrollo del Síndrome. Es más, muchos de los ex secuestrados antes del plagio, sienten algún tipo de simpatía por el movimiento guerrillero en Colombia o encuentran algún tipo de justificación en el comportamiento de la delincuencia común, dadas las desigualdades socio-económicas propias del país; pero al padecer el secuestro y enfrentar a la guerrilla y a la delincuencia común, ya no como un discurso teórico sino desde la experiencia de la proximidad con la propia muerte, se produce un cambio radical en la percepción que tienen de ellos. Se podría decir que en estos casos analizados antes que desarrollarse el Síndrome de Estocolmo, se modificaron los juicios favorables que tenían de los subversivos y delincuencia común. Las actitudes de complacencia, los comportamientos condescendientes y las afirmaciones hechas por los secuestrados para hacerles pensar a los secuestradores que están de su parte, las realizan intencionalmente para manipularlos y obtener algún beneficio. Son comportamientos al servicio de la supervivencia, una expresión más de la esperanza de vivir. Es importante establecer esta diferencia, pues se aclaran dos comportamientos distintos que pueden darse durante un secuestro y que podrían confundirse.

En un secuestro, los intentos de manipulación son frecuentes, en casi todos los casos los secuestrados manifiestan que lo hacen con el objeto de conseguir información para garantizar, con mayor probabilidad, la vida y sus bienes, un mejor trato de los plagiarios y condiciones físicas de cauti­verio más aceptables, Son con comportamientos y actitudes fingidas para poder sobrevivir, tienen un sentido de ataque y no de sometimiento Son expresio­nes de la limitada capacidad de defenderse que se tienen en una situación de secuestro y de la forma que adopta la defensa de los plagiados durante el cautiverio.

Esto se ve más claramente al comparar la acti­tud que tienen los secuestrados con sus plagiarios durante el cautiverio y la forma como ellos mismos se refieren a los secuestradores cuando han quedado libres. Mientras en cautiverio pudieron tener actitudes condescendientes y comportamientos amigables, adquirida la libertad y ausente el riesgo in­minente de morir, los ex secuestrados se refieren a ellos de un modo negativo, con epítetos denigrantes y deseándoles el peor de los futuros. Lo cual seña­la que lo expresado en cautiverio no es una identificación con los plagiarios sino un anhelo de sobrevivir. También se dan algunos casos en donde se presenta una relación ambivalente.

La esperanza de vivir no solamente se expresa en los comportamientos y actitudes condescendientes. Algunos recuren a la simulación de enfermedades o a la dramatización de algunas ya existentes, con el objeto de movilizar y manipular a sus secuestradores para lograr un trato más considerado, o simplemente para sentir que tienen algún control sobre la situación, y sobre ellos. Fingir un infarto, un ataque epiléptico o exagerar una deformación física es frecuente. En últimas, cuando el secuestrado logra el objetivo de poner en su favor algunos sentimientos de los secuestradores y obtiene respuesta que los benefician de esa manera, conjura la posibilidad de morir durante el cautiverio o aproxima la probabilidad de obtener la liberación. Uno de los casos de secuestro, analizados por Arias y Sepúlveda (269, 1993) también ilustra este tipo de manipulación y acercamiento.


Ciñéndonos a la definición de síndrome de Esto­colmo de Skurnik, antes señalada, éste no se pre­sentó en los secuestrados que se analizaron para esta investigación sino en una porción insignifican­te y de manera episódica durante el cautiverio. Nun­ca se observaron sentimientos de auto responsabilidad por lo ocurrido y comportamientos evidentes, arrai­gados y constantes de alianza con los secuestrado­res durante períodos largos de tiempo.

Contrasta lo que se halló en estos ex secuestra­dos colombianos con las afirmaciones de Raymond. Este autor afirma que "el punto en común de todos los secuestrados (que él analizó) fue una ausencia de resentimiento hacia sus secuestradores" (Raymond, S-G.. 1992 : 1 10). Así mismo señala que "se ha po­dido destacar, en las narraciones de ciertos se­cuestrados, una especie de gratitud hacia los se­cuestradores, como si ellos quisieran agradecerles el haberlos colocado en una situación que les per­mitió reestructurar su personalidad y su sistema de valores. Como si el secuestro hubiera llegado en un buen momento para el secuestrado". En el caso de las personas que se analizaron en esta in­vestigación, este fenómeno no se observó sí hubo quienes agradecieron la experiencia de secuestro porque les permitió replantearse algunos aspectos de su vida personal, sin que por eso se presentaran sentimientos positivos hacia los plagiarios en el sentido que lo plantea Skurnik. Hicieron una divi­sión clara entre lo que fue la experiencia de se­cuestro y los secuestradores; la primera intenta­ron positivarla, asumirla como algo a tener en cuenta en el desarrollo posterior de sus vidas; y a los segundos, los condenaron lo mismo que a sus prácticas que calificaron de deleznables, y a sus ideales políticos.

Ninguna de las víctimas de secuestro analizadas se auto responsabilizan de él, ni justifican los propósitos políticos de la organización que los plagió, ni los defiende públicamente. Algún grado e auto responsabilidad por el secuestro se da en aquellos casos que existiendo amenazas previas indirectas de secuestro, la víctima no se protegió lo suficiente. El no presentarse el Síndrome de Estocolmo indica que hay en los ex secuestrados conciencia del daño y de la agresión de que son objeto durante el cautiverio, que lo objetivan en los secuestradores y no e sí mismo y que rechazan asumir como propias las razones que llevan a su secuestro. Los únicos indicios de la presencia del Síndrome de Estocolmo entre los plagiados que se analizaron, se presentaron cuando el trato que les dieron los secuestradores durante el cautiverio fue ultrajante y definitivamente malo; entonces se manifestaron en el secuestrado marcados auto reproches. El auto reproche se presenta cuando la víctima asume gran parte de la responsabilidad del tratamiento deleznable del cual fue objeto, por no haber tomado las medidas de prevención necesarias para evitar el secuestro. Claro está que estos reproches no se traducen en una defensa explícita de los secuestradores y de sus propósitos, únicamente se responsabilizan por no haber sido precavidos.

Dos de los casos analizados presentaron alguna similitud con el Síndrome de Estocolmo, pero sin llegar a configurarlo; su análisis puede contribuir a la reconceptualización dada por Skurnik. Se trata de dos mujeres jóvenes, de 20 y 21 años, secuestradas por un delincuente aislado y por la guerrilla, durante 15 días y dos meses y medio, respectivamente. Posiblemente por su edad cronológica, se les percibía como inmaduras, con un lenguaje y algunas actitudes un tanto infantiles. Ambas salieron del cautiverio manifestándole a familiares y amigos cercanos un profundo vínculo afectivo con sus plagiarios y que sentían atracción y agradecimiento hacia ellos. Ambas fueron entrevistadas tres y doce días después de la liberación y se en­contraban aún en un estado de euforia, un tanto confundidas e incoherentes en su discurso y con signos evidentes de no haber tomado plena conciencia de estar por fuera de la situación de se­cuestro. Es posible pensar que las manifestacio­nes de afecto que expresaron estas dos mujeres hacia sus plagiarios se daban porque su liberación era muy reciente en el momento de la entrevista y, en el espacio de tiempo para tomar conciencia y ela­borar parcialmente la situación vivida era poco. Es válido, entonces, plantear la pregunta siguiente: si se entrevistara a estas dos personas un mes después de la liberación, expresarían los mismos sentimientos hacia sus captores? En los demás ex secuestrados, que llevaban más tiempo de haber recobrado la libertad, nunca se presentaron estos sentimientos. Se esperaría que estos dos casos evo­lucionaran en el mismo sentido, lo cual no se pudo comprobar porque la primera joven salió del país y la segunda no se pudo contactar.

Las afirmaciones anteriores no le restan validez al concepto de Skurnik, simplemente que para diagnosticarlo habría que introducirle la noción de tiempo. Es decir, que lo que él describe como síndro­me de Estocolmo es válido siempre y cuando hubiese pasado un tiempo prudencial entre la finalización del secuestro y el diagnóstico. De esta manera se anali­zaría la persona cuando ha salido del estado de euforia y la elación, se encuentra integrada nuevamente a sus rutinas habituales y ha interiorizado la finalización de la situación de cautiverio.

Policía

PolicíaDe Wikipedia

Policía

Se llama policía a cada agente perteneciente a dicha organización. Los reclutas suelen recibir formación especializada y deben presentarse a un examen de admisión.

La mayoría de las fuerzas policiales son organizaciones cuasi-militares, cuya principal obligación es disuadir e investigar crímenes en contra de las personas o que afecten el orden público, así como el arresto de sospechosos, e informe a las autoridades competentes. También es responsable de reportar ofensas menores por medio de citaciones que suelen terminar en el pago de una fianza, usualmente por violaciones a las leyes de tránsito.

La policía puede tener un carácter preventivo como es el caso de las policías de ciudad o las policías de proximidad que pueden ser investigadoras, como las que auxilian al fiscal o ministerio público en la persecución del delitos; o bien, pueden estar dirigidas a garantizar el debido cumplimiento de normatividades, como la "policía fiscal". También suele tener un servicio de emergencia que provee seguridad en la vía pública, así como en emergencias, desastres y situaciones de búsqueda y rescate. Para poder responder rápidamente a las emergencias, la policía normalmente coordina sus operaciones con los servicios de bomberos y emergencias médicas. En muchos países todos ellos utilizan número telefónico único de emergencias que permite a la policía, bomberos o servicios médicos actuar en caso de emergencia.

La mayoría de los países son miembros de la Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal), establecida para detectar y perseguir crímenes transnacionales y proveer cooperación internacional y coordinación con otras actividades policíales, tales como notificar a familiares el fallecimiento de extranjeros. Interpol no conduce investigaciones ni detenciones por sí mismo, pero sirve como punto central de información de crímenes, sospechosos y criminales. Los crímenes políticos están excluidos de sus competencias.



La palabra "policía" deriva del idioma francés y su uso data del siglo XVIII. De una manera indirecta deriva del latín politīa, y ésta del griego polis, "ciudad", que significa ciudad,o ciudad-estado. De alli derivó "politeia", palabra que define lo relativo a la constitución de la ciudad, el ordenamiento juridico del Estado, conducta arreglada de los ciudadanos, gobierno, calidades cívicas del individuo.

En los inicios del Período helenístico, la policía fue el equivalente del gobierno del Estado, cualquiera fuera su régimen y se identificaba con el Estado.[4] En la Edad Media, la noción de policía fue definida como "el buen orden de la sociedad civil presidida por la autoridad estatal, quedando el buen orden moral y religioso a cargo de la autoridad eclesiástica". Después, durante el siglo XIV, apareció la palabra police con la que se designó el orden de los negocios públicos en las doctrinas juridicas de Francia. Así, llegado el Renacimiento, el término `policía' pasó a entenderse como "el buen orden en la cosa común".

Partiendo de esta idea, policía y gobierno de Estado eran conceptos idénticos. El Estado podía utilizar la coerción para buscar el bien común, bajo el total arbitrio del soberano, todo ello sin limitaciones jurídicas, por lo que esta forma de entender el derecho de policía llevó al absolutismo.

Este concepto se transformó a mediados del siglo XVII: el monarca mantenía bajo su control lo relativo a la Policía propiamente dicha, mientras que las funciones del Estado fueron divididas. Así, dentro del ámbito del derecho, la justicia pasó a ser una función especial.

La crisis de la noción de Estado en el siglo XVIII fortalició la libertad individual, apareciendo la doctrina de los derechos humanos. A partir de entonces, al considerarse que dichos derechos son superiores al Estado, la noción de policía
Se presta únicamente por el Estado, que no puede delegar su prestación.

No puede suspenderse, ni interrumpirse.

Se debe prestar instantáneamente ante cualquier requerimiento o perturbación del orden público

No se puede rehusar ni retardar, y no puede negarse a nadie, en igualdad de circunstancias.


El fin de la policía: El mantenimiento del orden público interno es competencia de la policía. Dicho orden resulta de la prevención y la eliminación de aquello que pueda perturbar la tranquilidad, la seguridad, la salubridad, el urbanismo, la moral pública y algunos aspectos económicos ligados al orden público.

La policía como poder: El poder de policía puede definirse como la facultad del Estado para limitar los derechos y las libertades individuales, en beneficio de la comunidad.

La policía como función: La función de policía es la actividad que ejercen los funcionarios llamados normalmente de Policía, con el fin garantizar el desarrollo de las actividades dentro del orden, preservando la armonía social. Es la potestad del Estado para el ordenamiento de las actividades individuales, con el fin de garantizar los elementos sociales necesarios al desarrollo y el bienestar de la actividad humana.

La policía como norma: La función de policía es regulada por la ley. Las normas de policía son dictadas para hacer efectivos los derechos y libertades y nunca para vulnerarlos o negarlos.

La policía como profesión: El ejercicio de la actividad policial constituye una profesión, ya que se trata de un oficio permanente para la que sus miembros deben prepararse adecuadamente.

Doctrinas de policíaLa doctrina policial es el conjunto de ideas u opiniones, preceptos éticos, legales y conceptos aceptados oficialmente y en los cuales se fundamenta la labor policial,[6] integrando principios sobre su función institucional, los fundamentos filosóficos y legales del Derecho Policial vinculado a la defensa de los derechos humanos, la ley, el orden y la seguridad. De esta forma, la doctrina precede y sustenta los conocimientos y conceptos teórico-prácticos sobre la Seguridad ciudadana, los órdenes interno y público.

Existen numerosas doctrinas en relación con el derecho de policía que se sustenta del Derecho Constitucional y del Derecho Administrativo. Del primero deriva los conceptos de derechos y libertades, del segundo la noción de servicio público.

La función primordial del Derecho de Policia es la defensa y regulación de los los derechos humanos y las libertades individuales, en el ámbito preventivo de la función del Estado, para asegurar así el orden público interno.

El ordenamiento jurídico

El poder de policía es la potestad normativa que posee el Estado de regular los Derechos individuales en aras del interés general, que no debe confundirse con policía, que es la función administrativa de poner en ejecución las normas que dicta el Poder Legislativo.

El orden público

Policía en la Guerra contra el crimen en Rio en 2010.Los Medios de Policia Jurídicos están reservados al legislador o al Organismo Ejecutivo del poder público. Por su parte, los Medios de Policia materiales son otorgados a la policía y suponen la intervención de las armas y la fuerza física. Las principales disposiciones en este marco son el “Código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley” (aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979) y el “Código europeo de ética de la policía” (adoptado por el Consejo de Europa en 2001). Según estas normas, el uso de la fuerza por la policía queda limitado por los principios rectores fundamentales de la necesidad y la proporcionalidad.

La necesidad refiere al carácter excepcional de la medida y del recurso a ella exclusivamente cuando sea requerida por objetivos legítimos, como mantener el orden o arrestar a un individuo que ofrece resistencia. Cualquier actuación desproporcionada con respecto a estos objetivos (no recurrir en forma graduada a la fuerza física o a herramientas no letales antes de utilizar armas mortales) es rechazada por el principio de la proporcionalidad.

Para que los miembros de la policía realicen su trabajo, el Estado les otorga ciertas atribuciones, entre ellas poder arrestar, buscar, atrapar e interrogar, uso de fuerza física; y si fuera necesario a veces, matar en caso de legítima defensa o si la persona atacante o criminal suponía una amenaza o peligro inmediato al policía y otras personas. En países con sistemas democráticos y Estado de Derecho, las leyes regulan el procedimiento que deben adoptar los oficiales; no respetarlos podría considerarse una medida arbitraria e injusta que podría originar una investigación administrativa o criminal contra los oficiales de ley y orden que abusen o desobedezcan sus funciones policíacas.

Equipo y armamento
Miembros del contingente Gurkha de la Policía de Singapur. Portan un Kukri.En muchos países, los miembros de la policía llevan consigo armas de fuego (arma de reglamento) en sus habituales obligaciones laborales.

La policía frecuentemente tiene unidades especiales para los casos de delincuentes armados, o en situaciones de gran peligro, y en algunos países pueden llamar a los militares en situaciones extremas. También pueden estar equipados con armas no mortales, en el caso de controlar disturbios. Las armas no mortales incluyen defensas, comúnmente llamadas "porras", habiendo de muchos tipos y tamaños, escudos, equipos antidisturbios, balas de goma y gases lacrimógenos. El uso de armas de fuego es el último recurso y se las usa en el caso de que una persona esté en riesgo o peligro de perder la vida, aunque en algunos países se permite usarlas contra convictos peligrosos que tratan de fugarse o son riesgo de patente intensidad. En España el arma de fuego mayoritaria entre las fuerzas y cuerpos de seguridad actualmente es la HK USP Compact. Los policías suelen llevar consigo en la mayoría de los casos esposas (grilletes) para detener criminales o sospechosos.

Las fuerzas policiales modernas hacen un considerable uso de los equipamientos de radiocomunicaciones y computadoras portátiles llevados por cada persona e instalados en los vehículos. Por este medio coordinan el trabajo, comparten información y brindan ayuda rápidamente. En los últimos años, los vehículos tienen instalados computadores que aumentan las comunicaciones, permitiendo el envío de llamadas de forma más sencilla, verificar vehículos hurtados, antecedentes penales de personas sospechosas en pocos segundos, actualizar el historial de la rutina diaria del policía y enviar en tiempo real otros informes requeridos. Otras herramientas comunes del equipamiento policíaco son linternas, silbatos y ordenadores portátiles.

[editar] Estructuras policiales
SWAT.La mayoría de las fuerzas policiales están divididas en subgrupos que tienen el particular trabajo de investigar diferentes tipos de crímenes.

En muchos países occidentales, quizás la mayor diferencia se da entre el agente "uniformado" y los detectives o agentes investigadores. Los Uniformados, como su nombre lo dice, portan un uniforme y sus trabajos se ven envueltos en operaciones de patrullaje, control de tránsito y otras actividades para prevenir y en respuesta al crimen. Los detectives o agentes investigadores, por el contrario, usan 'trajes' o ropa casual que le da una apariencia más profesional en la investigación de crímenes. En muchos casos, los agentes son asignados como agentes encubiertos, para que no se los reconozca como tales, en ocasiones por largos periodos para investigar crímenes, en especial el crimen organizado o narcotráfico. Este tipo de acción policial es conocida como espionaje o técnicas de inteligencia.

Existen grupos especializados para diferentes tipos de crímenes (por ejemplo, narcotráfico, tráfico de armas ilegales, asesinatos, fraudes, etc.) o personas con habilidades especiales (por ejemplo, buceo, manejo de helicópteros, manejo de explosivos, manejo de ordenadores, etc.). Muchas jurisdicciones de gran tamaño poseen personas especialmente entrenadas con armas pequeñas y largas, preparadas para matar en situaciones de violencia, y usualmente están equipados con armamento no mortal como gases lacrimógenos, bombas de humo y balas de goma. En los Estados Unidos, existe el SWAT (Armas y Tácticas Especiales).

Por último, en los sistemas occidentales se han implementado departamentos, negociados, oficinas o superintentencias llamados investigaciones administrativas o asuntos internos que tienen la tarea de investigar a los oficiales y agentes de la fuerza. Usualmente no portan armas y su trabajo consiste en la lucha contra el soborno, la corrupción y el abuso de autoridad por parte de los policías.

[editar] Dificultades
Policía iraquí portando el velo islámico. Las policías musulmanas pueden tener dificultades para ejercer su trabajo en países como Francia y Afganistán.Las organizaciones policiales muchas veces se ven involucradas en casos de corrupción, que es incitada a menudo por un código de silencio para animar la incondicional lealtad entre los compañeros por una causa justa. Resulta raro que un agente rompa este código, ya que al hacerlo pueden llegar a recibir amenazas de muerte, como el caso de Frank Serpico. Una de las formas de luchar contra la corrupción ha sido una organización semidependiente de investigaciones, en el caso de Estados Unidos el FBI y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. En el caso de Puerto Rico (territorio de los Estados Unidos), la Policía de este país tiene oficinas de investicaciones para policías que incumplen o abusan de su deber, como las Superintendencias de Investigaciones Administrativas y Asuntos Internos o el mismo Departamento de Justicia, el Negociado de Investigaciones Especiales (N.I.E.) y en algunos casos el Negociado Federal de Investigaciones (F.B.I.). Sin embargo, las organizaciones verdaderamente independientes generalmente no son llamadas a menos que sean casos de gran notoriedad y difusión.

Otras organizaciones, especialmente las que están ubicadas en áreas multirraciales o donde coexisten varias etnias, han recibido acusaciones de Racismo. Los policías entonces se ven en la necesidad de pensar si usar o no la fuerza, particularmente el disparar a matar, cuando un agente mata a un sospechoso de una raza diferente a la suya. En los Estados Unidos, estos eventos habitualmente ocasionan protestas masivas y acusaciones de racismo contra la policía.

domingo, 16 de octubre de 2011

El Uruguay del futuro.

Debatiendo con Leonardo Silvera

La delincuencia no perdona nada, ya es lo mismo robar alambrados, vacas, gallinas, tractores, motos y bicicletas de un campo o una chacra, meterse a casas vacías de playa para robarse los baños, puertas o ventanas, que asaltar farmacias, almacenes, panaderías, fábricas, taxis o el ómnibus que va al centro. La delincuancia sigue sin freno y no hay acciones concretas contra la comercialización de bienes robados.



Estamos frente a un problema que supera las peores expectativas del más pesimista, y lo que sigue sin entenderse, es la falta de acción de las autoridades para resolver una situación crítica, que por desgracia ya llegó a orillar a que algunos ciudadanos, tuvieran que recurrir a actos de defensa propia, como única alternativa para evitar ser víctimas de una delincuencia, que cada día es más arrolladora y brutal.



Desgasta y preocupa ver como la situación sigue empeorando y las autoridades no hacen suficiente para atender y resolver este grave problema. Cada día que pasa, seguimos perdiendo el sentido de buscar mejorar nuestras vidas, ¿de que sirve hacer el esfuerzo de ahorrar o solicitar un crédito para comprar un auto estéreo, una televisión o una radio nueva para la casa, si en cualquier momento nos la van a robar?,



¿Que caso tiene hacer el esfuerzo para comprar una casita en la playa o mantener en buenas condiciones la que heredamos del abuelo o del tío, si en cualquier momento que vayamos a pasar el fin de semana, la vamos a encontrar destrozada, sin puertas y ventanas?.



¿Para que hacer el esfuerzo de ahorrar con sacrificio peso sobre peso, pedir prestado y endeudarse por años para comprar los electrodomésticos de la casa, para llegar un día del trabajo y recibir la desagradable sorpresa que nos vaciaron la casa?.



La base de este problema es fácil de detectar y atacar, por un lado tenemos los compradores de bienes robados y por otro los padres de los delincuentes menores de edad.



Los que roban son parte fundamental de esta crisis de inseguridad, pero los principales beneficiarios de los robos, son lo que compran y revenden robado, ellos son los que sacan la mayor tajada de cada robo realizado. Al día de hoy, el gobierno sigue siendo ineficiente en la implementación de acciones puntuales, que logren evitar la libre comercialización de bienes robados



Detrás de muchos de los menores infractores, existen padres que promueven de forma activa, que sus hijos salgan a robar para su propio beneficio. Es evidente que estos padres saben que sus hijos roban y no hacen nada, porque ellos también se benefician de forma directa de lo robado. Son padres que saben que sus hijos están protegidos por las leyes y que pueden seguir robando una y otra vez, sin pagar con cárcel por ello.



Estamos en el siglo XXI, pero las leyes siguen apuntando hacia el pasado y no sirven para enfrentar la realidad que hoy vive nuestra sociedad. No hay comparación entre el comportamiento de los delincuentes juveniles y adultos de hace 40 o 50 años y los delincuentes actuales. Hoy día la edad del delincuente ya dejo de ser un factor determinante para medir su capacidad destructiva.



Si el poder legislativo y judicial, trabaja hombro con hombro en evolucionar las leyes, reconociendo y castigando como cómplices de un delincuente, a cualquier persona que compre bienes robados, metiendo a la cárcel tanto al ladrón, como al que comercializa o compra robado, seguro tendremos una delincuencia a la baja.



Pretender que el 100% de los padres son ajenos a la forma de actuar de sus hijos infractores, es ridículo. Los padres de los delincuentes juveniles reincidentes, deben ser acusados por ley, como cómplices de sus hijos,



Aquellos padres que no colaboren con la ley, que no soliciten apoyo de las autoridades para evitar que sus hijos sigan por el camino del delito, o que hagan uso de bienes robados y de bienes adquiridos con dinero robado, promuevan los robos, escondan las actividades delictuosas de sus hijos o simplemente pretendan desentenderse de la actividad criminal de sus hijos, deberán ser penalizados por una ley más estricta.



Si no se obliga por ley a que los padres se responsabilicen y participen de forma activa en la educación y en el control de sus hijos menores de edad, nunca se resolverá la parte más grave del problema de inseguridad que actualmente vivimos.



El día que por ley, los padres de hijos infractores reincidentes, pierdan cualquier apoyo por parte del gobierno, además de ser juzgados como cómplices de sus hijos, es seguro que muchos jóvenes recibirán mayor atención de sus padres.



Es una real estupidez que se quiera castigar a un padre por darle a su hijo una cachetada correctiva (hablamos de algo razonable y sin excesos), pero no se hace nada con los padres que se benefician al usar la ropa o ver la televisión que acaba de robar su hijo.



Los derechos humanos de los menores de edad, son fundamentales, pero no tiene sentido que estén por encima del resto de los ciudadanos y muy especialmente si hablamos de menores infractores reincidentes.



¿Cuántas veces tiene que robar un menor o cuantas veces un menor debe apuntar con una pistola a un almacenero, para que la ley lo considere como un adulto?, ¿Cuántas personas debe matar o herir un menor, para ser enjuiciado como adulto?.



¿Realmente estamos frente a un menor de edad y debemos actuar en consecuencia, cuando este menor es capaz de apuntar a personas con un arma cargada y de disparar a matar para cometer un robo?.



Los marginados sociales que hoy se dedican al robo, solo roban para comprar droga, ropa, comprarse una moto o salir a bailar, y lo hacen porque es fácil, porque el castigo no existe. No roban por pobres o por hambre, roban porque la sociedad no es capaz de integrarlos a una vida honesta, empezando por sus padres y siguiendo por la falta de planes del gobierno.