viernes, 29 de julio de 2011

Teoria del Rol

En un determinado juego de roles el jugador debía buscar un prototipo de currante, con un aspecto físico ordinario tirando a mediocre: bajito y rechoncho, y liquidarlo. Así lo hizo el jugador o así saltó a la prensa la noticia de un asesinato gratuito por esa razón. Un rol es una representación de una función personal. En el caso extremo del bastardo que obedeció la orden escrita de un juego comercializado no hay tanta diferencia con el caso real supermultiplicado del que cumple el suyo alegando que es su trabajo, que obedece ordenes de la superioridad, que no puede hacer otra cosa o que es por imperativo nacional que cumple indicaciones. El cumplimiento de las órdenes o del deber es uno de los grandes pecados capitales que mantiene a la humanidad en su tragedia permanente. Es lo que convierte a un ser humano supuestamente racional en un viviente confirmadamente no racional. Cada vez que se suspende el pensamiento que es, repitámoslo, aquello que sirve para reflexionar acerca de las actitudes propias o ajenas se está pasando al campo de lo no racional y con todas sus consecuencias lesivas para la libertad y la existencia evolucionada. El jugador del juego de roles buscaba su placer particular, sus grabaciones emocionales; el ejercitante de un rol profesional cumple con su obligación o su deber o su cometido o su misión. Disfraza con tantas palabras como necesite su sentido de una actuación. Un rol no tiene nada que ver con la elección personal de una vida en libertad. Es la forma concreta con que se expresa una relación contractual a cambio de la supervivencia o de mantener un lugar posicionado dentro de la sociedad gregaria. Hay distintas modalidades para recolocar a cada persona dentro del mundo en el que vive, reconectándolo con su rol perdido o a falta del mismo con un rol sustituto. Un profesional en orientación profesional o espiritual o del tipo que sea, terminará por convencer a su víctima (su consultante de despacho o confesionario) que no saldrá jamás de su tragedia dramática (la que sea) si no es cambiando sus elecciones existenciales. Deberá convencerlo que su futuro pasa por substituir sus roles anteriores por otros futuros y más exactamente su rol de trabajo por otro. Colocará la primera máxima sobre la productividad y hará valer a una persona por su trabajo remunerado por encima de su elección existencial. El profesional al cargo de la metodología no tendrá el menor sonrojo en recomendar trabajar de mozo de almacén a un licenciado o un magister en algo y no considerará ni tan siquiera que se pueda vivir sin dinero suficiente en un mundo en el que tener capital y poder adquisitivo es lo primero. El rol será defendido como la forma fundamental de la integración social. Si no tienes un lugar en el que se te espere cada mañana a las 8 o a las 9 es que no eres nadie. Si no tienes una paga suficiente que te permita pagar los restaurantes, los espectáculos, el alquiler, la luz, el agua, los viajes de vacaciones y hacer regalos es que todavía eres menos que nadie. Los demás te apreciarán y te valorarán por tu capacidad económica. Si tienes dinero eres un triunfador, si no lo tienes un fracasado. Claro que la cultura más adelantada no admitirá esa división basta y clásica para decir que lo primero es la persona y lo segundo sus créditos. No es cierto, se sabe universalmente que lo más valorada es la posición, la ubicación en el mundo, el lugar exacto mantenido en las correlaciones con los demás, también, desde luego, la independencia lograda, el discurso, la familia, el apellido. Aparentemente la deferencia es reforzada para todos y para todo en todas partes. Todas las personas son iguales ante la ley rezan las constituciones. Y todas las personas deben ser tratadas como tales, proclaman en silencio las personalidades. En la práctica las discriminaciones de los demás son continuas y se tiene muy en cuenta el rol que ejerce cada cual para actuar en consecuencia.

El rol no hace a la persona aunque la presupone. Es un artificio incorporado, un algo más que adopta o a la que se la vincula para permanentizarla en el mismo. Es así que el portero es el portero, el chofer es el chofer, el profesor es el profesor. Luego cada idioma se ocupará de los detalles sutiles en el que los parlantes autóctonos precisaran el valor de cada sílaba en cuanto a mayor o menor deferencia asignada a cada vecino. El don de antes usado para resaltar a las personas más significadas de la comunidad ha periclitado en parte pero el tú continuo para toda edad y personaje puede abusar de un supuesto concepto de igualdad con ínfulas de familiaridad que no tiene porque corresponderse con las posibilidades de una acción verbal.

Casi todas las personas se sitúan en un rol u otro. Durante una temporada biográfica pueden migrar por algunos de ellos pero la eficacia de su posición e n la vida aumentará con su persistencia en una especialización. Es así que la mayoría de gente es conocida por sus roles más que por sus nombres y a menudo el origen etimológico de muchos nombres tiene que ver con oficios y roles.

La falta de rol se corresponde con los periodos de crecimiento por un lado cuando el sujeto todavía no ha tenido tiempo de elegir uno. También con los periodos de indigencia, confusión o crisis de identidad por otro cuando tras impugnar el o los roles tenidos se ha quedado sin ninguno. La falta de rol suele esconder algún tipo de inadaptación. El parámetro de la inadaptación no tiene buen recibo sin embargo dentro de un inadaptado respira un artista, un rupturista o un revolucionario en potencia, un innovador en definitiva que contribuirá al cambio de las cosas de su entorno ya que es incapaz de vivir como súbdito de ellas. A los inadaptados en general los estados modernos los debería regar y mimar como canteras potenciales de nuevas ideas. Muchos de ellos que no sucumben a los registros manicomiales cursan hacia los oficios más dignos de la condición humana relacionados con el arte o la filosofía.

Las prisas de la instrucción pública en asignar a las criaturas a sus roles lo antes posible es la forma industrial de alienar en masa a toda una generación o una sociedad. Claro que la tesitura urgente de primero vivir lleva a la gente a elegir roles antes que elegir ser personas. Se hacen comerciantes, jornaleros, limpia zapatos, limosneros o lo que sea con tal de calmar las demandas estomacales y poder continuar siguiendo en vida.

La sociedad postindustrial ha asistido a otra clase de personas que han conseguido vivir sin rol o al menos sin rol público conocido y reconocido mientras han vivido. La sociedad del bienestar por una parte y las cuantiosas posibilidades de reciclajes materiales por otras han generado perfiles biográficos a medio camino entre vivir en la improductividad material permanente y permitirse unas vidas ociosas de lujo. Los subsidios estatales para amordazar sus bocas a cambio de llenar sus panzas han generado un fenómeno consolidado de parasitismo social. La sociedad tecnología puede seguir adelante con una minoría dedicada a ser población activa y una mayoría a ser población pasiva, ambos términos elegidos según la inserción o no inserción dentro de los circuitos de producción y consumo. La única diferencia entre un sujeto subsidiado neutralizado por su estado para que coma y calle y un sujeto asalariado contratado por el estado o por la industria privada para que coma más y calle más, es que este a parte del mayor ingreso económico que le permitirá una mayor participación en el consumo de las cosas mientras que aquel lo que reciba también lo revertirá al circuito de la economía del país para cubrir sus necesidades básicas aunque comparativamente sea una contribución menor. La gran diferencia más que económica en montos absolutos será la significación psicológica para cada cual. El subsidiado siempre quedará relegado a un estado de favor mientras que el profesional de lo que sea (aunque cada profesión tenga y tiene sus objeciones deontológicas) siempre será reconocido por el lugar que ocupa en su comunidad sea como doctor, arquitecto, basurero, comerciante, librero, gendarme, profesor o traductor. Otras ocupaciones que durante una buena parte de su vida, por no decir toda, se mantienen en la insistencia pero no son reconocidas tales como pintor o escritor serán cuestionadas como extrañas o imposibles. Es difícil mantenerse toda una vida sin un rol univoco consensuado por lso demás y por el cual se cobra un dinero. ¡Cuantos artistas se han perdido tras intentarlo durante unos años de su vida y no conseguir los pagos a sus obras! Los estados reconocen una parte del fenómeno pero no todo. Debería pensarse en la oportunidad de invertir en futuros artistas, en facilitarles los medios creativos y los créditos o becas de maintenance necesarias para que siguieran con su labor si realmente la llamada artística fuera su tesitura fundamental y en lso centros de trabajo no pudieran ser otra cosa que estorbos para sus compañeros de empleo más diestros en su asignación de operarios a los procesos de montaje. En ese supuesto institucional no todos recibirían ni seguirían la llamada artística, la mayoría de gente admite haber nacido para la esclavitud de por vida y para recibir órdenes, una minoría se sigue creyendo ser la elegida para investigar otras originalidades.

¿Cuántos padres han frustrado las elecciones biográficas de sus hijos/as porque eligieron el arte en lugar del rol asalariado para sus vidas? ¿Cuántas vidas han sido empujadas a la autodestrucción, incluso algunas por la vía de la sumisión y del triunfo económico-profesional, por no permitírsele seguir sus impulsos creativos?

La defensa de la teoría del rol para concluir con las inadaptaciones y las faltas de ingresos es la que defienden supuestos orientadores que proponen supuestas soluciones alternativas a inadaptados reales; parte de los cuales admitirán cumplir con cualquier función social con tal de ser aceptados por la manada y parte de los cuales, los convencidos de que su inadaptación es el resultado de una colisión entre su ser y el imperativo social para que sean otra cosa, preferirán una menor cantidad de ingresos y poder seguirse costeando su libertad que una mayor cantidad de ellos y perderla.