lunes, 31 de enero de 2011

Sigmund Freud nacimiento en 1856 en Freiberg, ciudad del ex imperio Austrohúngaro, del célebre médico austríaco de origen judío.

Freud fue un médico neurólogo que comenzó su carrera interesándose por la hipnosis y su uso para tratar enfermos mentales. Más tarde, aunque mantuvo en la terapia varios aspectos de esta técnica, la reemplazó por la asociación libre y del análisis de los sueños para desarrollar lo que, actualmente, se conoce como «la cura del habla».

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis.

Todo esto se convirtió en punto de partida del psicoanálisis. Freud se interesó especialmente en lo que entonces se llamaba histeria y en las neurosis.


Las teorías de Freud y el tratamiento que daba a sus pacientes causaron un gran revuelo en la Viena del siglo XIX y el debate sobre ellas continúa en la época actual.


Sus ideas son a menudo discutidas y criticadas, y su obra se interpreta más bien como perteneciente al campo de la literatura y de la cultura. Además, existe un amplio debate sobre si el psicoanálisis y los tratamientos asociados a él pertenecen al ámbito de la ciencia.





La división de opiniones sobre Freud se puede resumir en ejemplos como los siguientes: por un lado, sus seguidores más convencidos lo consideran "un gran científico de la medicina que descubrió importantes verdades sobre la psicología humana".


Por otro, sus críticos lo ven como "un filósofo visionario que replanteó la naturaleza humana y nos ayudó a derribar tabúes, pero sus teorías, divulgadas como ciencia, fallan ante un examen minucioso".


Freud nació en 1856 en Freiberg, Moravia (en la actualidad, Pribor en la República Checa). Fue el mayor de tres hermanos y cinco hermanas. Tenía además medio hermanos de un matrimonio anterior de su padre. Cuando todavía era un niño, su familia se trasladó a Viena a causa de disturbios antisemitas.


Pese a que Freud provenía de una familia de pocos recursos, sus padres se esforzaron para que obtuviera una buena educación. Ingresó en la universidad de Viena a los 17 años. Allí cursó sus estudios a pesar de la presencia del antisemitismo en Austria. En 1877, abrevió su nombre de Sigismund Schlomo Freud a Sigmund Freud.


Los primeros años de Freud son poco conocidos ya que destruyó sus escritos personales en dos ocasiones, la primera vez en 1885 y de nuevo en 1907.


En 1886, Freud se casó y abrió una clínica privada especializada en desórdenes nerviosos, donde empezó su práctica para tratar la histeria y las neurosis utilizando técnicas de hipnosis en pacientes que como Bertha Pappenheim (Anna O.) y Emma Eckstein (Irma).


Más tarde abandonó este método en favor de la asociación libre. Observó que podía reducir los síntomas de sus pacientes recostándolos en un sofá y animándolos a que expresaran lo primero que les venía a la mente. Comenzó desde ese momento a desarrollar los fundamentos del psicoanálisis.


Tras publicar algunos textos sobre sus investigaciones, Freud fue designado profesor en la Universidad de Viena en 1900. Comenzó a incorporar personas que se sumaron al movimiento psicoanalítico que empezaba a definirse. Freud tenía poca tolerancia hacia los colegas que disentían de sus doctrinas teóricas, y algunos se separaron eventualmente. Los ejemplos más conocidos son Carl Gustav Jung y Wilhelm Reich.


En 1938, tras la anexión (Anschluss) de Austria por la Alemania nazi, Freud escapó con su familia a Inglaterra con ayuda financiera de su paciente y familiar, Marie Bonaparte.


Al cruzar la frontera alemana se le exigió que firmara una declaración donde se aseguraba que había sido tratado con respeto por el régimen nazi.


Falleció en 1939 a causa de una sobredosis de morfina inyectada por un colega a pedido del mismo Freud, que no podía tolerar el malestar del cáncer de mandíbula que padecía.


Anna Freud, hija de Sigmund, también fue una destacada psicoanalista, particularmente en el campo de los niños y del desarrollo psicológico.


Sigmund Freud es abuelo del pintor Lucian Freud y del actor y escritor Clement Freud, y bisabuelo de la periodista Emma Freud, de la diseñadora de moda Bella Freud y del relacionador público Matthew Freud.


Freud innovó en dos campos. Simultáneamente, desarrolló una teoría de la mente y de la conducta humana, y una técnica terapéutica para ayudar a personas con afecciones psíquicas. Algunos de sus seguidores afirman estar influidos por uno, pero no por el otro campo.


Probablemente, la contribución más significativa que Freud ha hecho al pensamiento moderno es la de intentar darle al concepto de lo inconsciente (que tomó de Eduard von Hartmann, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche) un estatus científico (no compartido por varias ramas de la ciencia y la psicología).


Sus conceptos de inconsciente, deseos inconscientes y represión fueron revolucionarios; proponen una mente dividida en capas o niveles, dominada en cierta medida por voluntades primitivas que están escondidas a la consciencia y que se manifiestan en los lapsus y los sueños.


En su obra más conocida, "La interpretación de los sueños", Freud explica el argumento para postular el nuevo modelo del inconsciente y desarrolla un método para conseguir el acceso al mismo, tomando elementos de sus experiencias previas con las técnicas de hipnosis.


Como parte de su teoría, Freud postula también la existencia de un preconsciente, que describe como la capa entre el consciente y el inconsciente (el término subconsciente es utilizado popularmente, pero ya no forma parte de la terminología psicoanalítica).


La represión, por su parte, tiene gran importancia en el conocimiento de lo inconsciente. De acuerdo con Freud, las personas experimentan a menudo pensamientos y sentimientos que son tan dolorosos que no pueden soportarlos. Estos pensamientos y sentimientos (al igual que los recuerdos asociados a ellos) no pueden, según sostuvo, ser expulsados de la mente, pero sí pueden ser expulsados del consciente para formar parte del inconsciente.


Aunque a lo largo de su carrera Freud intentó encontrar patrones de represión entre sus pacientes que derivasen en un modelo general para la mente, observó que sus distintos pacientes reprimían hechos diferentes.


Observó, además, que el proceso de la represión es en sí mismo un acto no consciente (es decir, no ocurriría a través de la intención de los pensamientos o sentimientos conscientes). En otras palabras, el inconsciente era a la vez causa y efecto de la represión.


Freud buscó una explicación a la forma de operar del inconsciente, proponiendo una particular estructura. Propuso un inconsciente dividido en tres partes: el yo o ego, el ello o id y el superyó.


El ello representa los procesos primigenios del pensamiento y constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Contiene nuestros pensamientos y deseos de gratificación más primitivos, de carácter sexual y perverso.


El superyó, la parte que contrarresta al ello, representa los pensamientos morales y éticos.


El yo permanece entre ambos, alternando nuestras necesidades primitivas y nuestras creencias éticas y morales. Es la instancia en la que se inscribe la consciencia. Un yo saludable proporciona la habilidad para adaptarse a la realidad e interactuar con el mundo exterior de una manera que sea cómoda para el ello y el superyó.


Freud estaba especialmente interesado en la dinámica de estas tres partes de la mente.


Argumentó que esa relación está influenciada por factores o energías innatos, que llamó pulsiones. Describió dos pulsiones antagónicas: Eros, una pulsión sexual tendente a la preservación de la vida, y Tánatos, la pulsión de muerte.


Esta última representa una moción agresiva, aunque a veces se resuelve en una pulsión que nos induce a volver a un estado de calma, principio de nirvana o no existencia, que basó en sus estudios sobre protozoos (“Más allá del principio de placer”).


Freud también creía que la libido maduraba en los individuos por medio del cambio de su objeto (u objetivo). Argumentaba que los humanos nacen "polimórficamente perversos", en el sentido de que una gran variedad de objetos pueden ser una fuente de placer.


Conforme las personas van desarrollándose, van fijándose sobre diferentes objetos específicos en distintas etapas: la etapa oral (ejemplificada por el placer de los bebés en la lactancia); la etapa anal (ejemplificada por el placer de los niños al controlar sus defecaciones); y luego la etapa fálica.


Propuso entonces que llega un momento en que los niños pasan a una fase donde se fijan en el progenitor de sexo opuesto (complejo de Edipo) y desarrolló un modelo que explica la forma en que encaja este patrón en el desarrollo de la dinámica de la mente.


Cada fase es una progresión hacia la madurez sexual, caracterizada por un fuerte yo y la habilidad para retardar la necesidad de gratificaciones.


El modelo psicosexual que desarrolló ha sido criticado desde diferentes frentes.


Algunos han atacado la afirmación de Freud sobre la existencia de una sexualidad infantil (e, implícitamente, la expansión que hizo en la noción de sexualidad).


Otros autores, en cambio, consideran que Freud no amplió los conocimientos sobre sexualidad (que tenían antecedentes en la psiquiatría y la filosofía de autores como Schopenhauer, al que leyó abundante aunque tardíamente); sino que Freud "neurotizó" la sexualidad al relacionarla con conceptos como incesto, perversión y trastornos mentales.


Ciencias como la antropología y la sociología argumentan que el patrón de desarrollo propuesto por Freud no es universal ni necesario en el desarrollo de la salud mental, calificándolo de etnocéntrico por omitir determinantes socio-culturales.
Freud esperaba probar que su modelo, basado en observaciones de la clase media austríaca, fuese universalmente válido. Utilizó la mitología griega y la etnografía contemporánea como modelos comparativos. Acudió al "Edipo Rey" de Sófocles para indicar que el ser humano desea el incesto de forma natural y cómo es reprimido ese deseo.


El complejo de Edipo fue descrito como una fase del desarrollo psicosexual y de madurez. También se fijó en los estudios antropológicos de totemismo, argumentando que refleja una costumbre ritualizada del complejo de Edipo (“Tótem y tabú”).
Incorporó también en su teoría conceptos de la religión católica y la judía; así como principios de la sociedad victoriana sobre represión, sexualidad y moral; y otros de la biología y la hidráulica. Esperaba que su investigación proporcionara una sólida base científica para su método terapéutico.


El objetivo de la terapia freudiana o psicoanálisis es, relacionando conceptos de la mente cartesiana y de la hidráulica, mover (mediante la asociación libre y la interpretación de los sueños) los pensamientos y sentimientos reprimidos (explicados como una forma de energía) hacia el consciente para permitir al sujeto la catarsis que provocaría la cura automática.


Otro elemento importante del psicoanálisis es la relativamente poca intervención del psicoanalista para que el paciente pueda proyectar sus pensamientos y sentimientos en el psicoanalista. A través de este proceso, llamado transferencia, el paciente puede reconstruir y resolver conflictos reprimidos (causantes de su enfermedad), especialmente conflictos de la infancia con sus padres.


Es menos conocido el interés de Freud por la neurología. En los comienzos de su carrera había investigado la parálisis cerebral. Publicó numerosos artículos médicos en este campo. También mostró que la enfermedad existía mucho antes de que otros investigadores de su tiempo tuvieran noticia de ella y la estudiaran.


También sugirió que era erróneo que esta enfermedad, que había descrito William Little (cirujano ortopédico británico), tuviera como causa una falta de oxígeno durante el nacimiento.


En cambio, dijo que las complicaciones en el parto eran sólo un síntoma del problema. No fue hasta la década de 1980 cuando sus especulaciones fueron confirmadas por investigadores más modernos.


Desde el punto de vista de la medicina, la teoría y práctica freudiana han sido sustituidas por los descubrimientos empíricos a lo largo de los años. La psiquiatría y la psicología como ciencias hoy rechazan la mayor parte del trabajo de Freud. Sin embargo, muchas personas continúan aprendiendo y practicando el psicoanálisis freudiano tradicional.
En el ámbito del psicoanálisis moderno, la palabra de Freud sigue ocupando un lugar determinante, aunque sus teorías aparecen reinterpretadas por autores como Jacques Lacan y Melanie Klein.


Sigmund Freud y sus teorías han recibido gran cantidad de críticas por parte de diversos autores: Karl Popper lo critica en su trabajo sobre la filosofía de la ciencia por basar su teoría en hipótesis no falsables y por replantear la evidencia cuando no confirma las hipótesis recurriendo a lo infalsable.


(Para Popper, filósofo vienés creador del “racionalismo crítico”, la “falsabilidad” era el criterio de verdad, y consistía en admitir provisoriamente como verdadero lo que resistía la refutación o “falsación”)


Adolf Grünbaum considera que el psicoanálisis sólo es infalsable en la situación analítica por la relación circular que genera en las explicaciones sobre deseos inconscientes. Grünbaum afirma que la teoría sí puede ser falsada y, de hecho, resulta falsa.


En la década de los años 60, Hans Eysenck recopiló y criticó todos los estudios existentes sobre la efectividad del psicoanálisis. El resultado fue que el tratamiento psicoanalítico no supone ninguna mejora sobre la tasa de remisión espontánea (sin tratamiento) de las neurosis.


Eysenck afirmó que Freud "fue, sin duda, un genio; no de la ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa, sino de la persuasión".


Freud es criticado también por varios autores por haber falseado los resultados de sus investigaciones. Historiadores y periodistas han mostrado que hay una gran divergencia entre la evolución de los casos clínicos tal como Freud los relata en sus textos y los casos reales.


Uno de los casos más famosos es el de Sergei Pankejeff (el hombre de los lobos), investigado por la periodista Karin Obholzer. Pankejeff sufría de una grave neurosis y de pesadillas recurrentes que le impedían valerse por sus propios medios.


Freud interpretó los sueños del paciente concluyendo que estaban relacionados con un trauma sexual de su infancia.
Según Freud, al comunicarle el origen de su problema, Pankejeff se curó completamente. Sin embargo, las investigaciones mostraron que la historia fue muy distinta. No sólo Pankejeff nunca se curó, sino que siguió siendo tratado por otros psicoanalistas hasta su muerte, y su estado durante ese tiempo empeoró considerablemente.


Pankejeff cobraba un sueldo mensual a cargo de la Fundación Sigmund Freud con el propósito de mantenerlo oculto en Viena para que el fraude no se hiciera público.


Diversos movimientos feministas critican a Freud por explicar a la mujer como un hombre sin falo y por el concepto de "envidia del pene". Las minorías sexuales critican también su teoría por considerar a la homosexualidad una perversión.


El gran impacto cultural de las teorías de Freud sobre el desarrollo psicosexual popularizó la idea de la homosexualidad como una enfermedad, aumentando en la primera mitad del siglo XX la internación de homosexuales en institutos de salud mental.

Al considerarlo una patología, tanto Freud como muchos de sus seguidores impidieron que personas homosexuales se formaran como psicoanalistas. El tratamiento psicoanalítico fue utilizado durante varias décadas para intentar curar la homosexualidad, promoviendo el surgimiento de varias psicoterapias con este mismo objetivo que se basan en algunas de sus teorías.


La psiquiatría actual y las otras ramas de la psicología descalifican su trabajo como pseudocientífico.

Dicen que no le gustaban ni los pájaros ni las coliflores, pero le encantaban los perros; que nunca hablaba durante las comidas y que el único pleito que tuvo con su mujer fue para determinar si los hongos se cocinan con tallo o sin tallo. Así era Sigmund Freud, uno de los más grandes pensadores de finales del siglo XIX, cuya influencia revolucionó el siglo XX, y quien en 2009 cumplió 150 años de nacido.

Sus investigaciones se concentraron en el estudio de la psicología en aspectos como la paranoia y la neurosis, a las que les dedicó varias publicaciones.
Mientras Charles Baudelaire estaba escribiendo los últimos poemas para Las Flores del Mal, en París, y Karl Marx acababa de publicar en la revista Die Revolution, Nueva York, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, nacía Sigmund Freud en Freiberg, el 6 de mayo de 1856; era la plena medianía del siglo XIX, con sus enormes pensadores y grandes batallas, batallas cuyos ecos resuenan en nuestros días.

Hablando de Baudelaire, uno de sus poemas de Las Flores del Mal anticipaba ya lo que décadas más tarde Freud llamaría el inconsciente: El demonio se agita a mi lado sin cesar; /flota a mi alrededor cual aire impalpable; / lo respiro, siento cómo quema mi pulmón/y lo llena de un deseo eterno y culpable.
En este 150 aniversario del natalicio del "padre del psicoanálisis" los campos se han deslindado de manera tajante: por un lado están los partidarios del analista de Viena y, por otro (y aumentan cada día) sus detractores.

Para los primeros siguen siendo válidas y vigentes sus teorías, mientras que para los segundos al maestro Freud hay que bajarlo de su pedestal. Las feministas se burlan de la envidia del pene, la comunidad gay lo repudia porque él consideraba la homosexualidad como “perversión”, y cada vez son más los analistas que piden situar los trabajos de Sigmund en el campo de la literatura.

¡De ese tamaño!
La división de opiniones también se centra en un punto: sus seguidores más convencidos le consideran “un gran científico” que hizo valiosos descubrimientos en el ámbito de la psicología. Por otra parte, sus críticos lo ven como “un filósofo” que replanteó la concepción que se tenía de la naturaleza humana, que sirvió para derribar tabúes. Sin embargo, consideran que sus teorías no pueden ser consideradas ciencia, porque no pueden pasar un examen minucioso.

LA HISTORIA Y LA HISTERIA.

Pese a haber revolucionado la concepción del sexo y su papel en el desarrollo humano, Sigmund fue hombre de una sola mujer y de un solo enamoramiento: la pálida, delicada e insignificante (Freud dixit) Martha Bernays, con quien se casó en 1886.

“Sé que no eres bella”, torturaba a la novia en sus cartas en donde aparte de percibirse los suspiros del amor aparecía la cola del demonio metalizado: cálculos de egresos e ingresos, referencias a cuánto había costado tal regalo o lo que le había dejado la consulta de tal paciente.
Si bien es cierto que “los dioses ciegan a quienes quieren perder”, también ocurre que iluminan a los que quieren ganar. Un encuentro decisivo para Freud ocurrió cuando se trasladó a París gracias a una beca que obtuvo para estudiar. Ahí conoció al célebre neurólogo J.M. Charcot y entró en contacto con sus trabajos sobre la histeria, tema que le atrajo profundamente a Sigmund.

A lado de esto, su mentalidad analítica e inquisitiva, lo llevó a que, a los 28 años, Freud entrara en contacto con las caricias de la “dama blanca”, con la cocaína. No fue vicio sino por un interés científico que la siguió consumiendo hasta 1895.
En una de sus cartas, Sigmund –-tal vez bajo la influencia del polvo esnifado— exclamaba que había encontrado una sustancia que le permitía desarrollar largas jornadas de trabajo sin resentir agotamiento.

LA DAMA BLANCA.

Al respecto, las investigadoras Liliana Vázquez Barrile y Alicia Donghi explican que en 1884 se produjo el encuentro entre Sigmund y la cocaína, poco después de la introducción de la droga en Estados Unidos y Europa.
Freud comenzó a interesarse por sus propiedades y efectos, por lo que se convirtió “en un ferviente usuario y defensor de la misma”.
Entonces comenzó sus “investigaciones experimentales sobre sus efectos en el hombre y trató de utilizarla para frenar la adicción a la morfina de un amigo suyo, Ernst von Fleischl-Marxow. Las consecuencias de estos experimentos y las ulteriores polémicas, le indujeron a abandonar sus investigaciones acerca de su acción sobre el sistema nervioso central, aunque podemos inferir por La interpretación de los sueños que todavía utilizaba la droga en el año 1895”.
La afición de Freud por la cocaína ha sido ignorado por sus biógrafos, al punto de que Ernest Jones, reduce el asunto a un episodio, siendo que tuvo un “influjo directo en el desarrollo del psicoanálisis”, sostienen las investigadoras.

LA CRÍTICA CRÍTICA..

En cuanto a la crítica que recibió Freud, se encuentra la de el maestro Karl Popper quien escribió en contra en su trabajo sobre la filosofía de la ciencia. Adolf Grünbaum considera que la teoría sí puede ser falseada y que, de hecho, resulta ser falsa.
Hans Eysenck en los años sesenta recopiló y criticó todos los estudios existentes sobre la efectividad del psicoanálisis. Consideró que Freud “fue, sin duda, un genio; no de la ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa, sino de la persuasión”.
El caso de El hombre de los lobos ha sido siempre una piedra de toque y ejemplo infaltable para quienes quieren criticar a Freud: Sergei Pankejeff es “el hombre de los lobos”, caso que fue investigado por la periodista Karin Obholzer. Trabajo que concluyó así: Pankejeff sufría de una grave neurosis y de pesadillas recurrentes que le impedían valerse por sí mismo.
Freud interpretó los sueños del paciente y concluyó que “estaban relacionados con un trauma sexual de su infancia. Según Freud, al comunicarle el origen de su problema, Pankejeff se curó completamente”.

Sin embargo, lo que descubrió la periodista fue contundente: “Pankejeff nunca se curó, sino que siguió siendo tratado por otros psicoanalistas hasta su muerte, y su estado durante ese tiempo empeoró considerablemente”. Pero el paciente “cobraba un sueldo mensual a cargo de la Fundación Sigmund Freud con el propósito de mantenerlo oculto en Viena para que el fraude no se hiciera público.”

En fin, si solamente fuera por una cuestión de literatura (recordar el bellísimo libro El delirio y los sueños en la ‘Gradiva’ de Jensen, escrito en 1907) Sigmund merecería un monumento enorme. Freud murió lejos de Viena, en la ciudad de Londres, el 23 de septiembre de 1939.


1.- El yo y el ello y otros estudios de metapsicología
2.- La interpretación de los sueños
3.- Psicoanálisis de los sueños
4.- Psicoanálisis del arte
5.- Paranoia y neurosis obsesiva: dos historiales clínicos
6.- Psicopatología de la vida cotidiana
7.- Introducción al narcisismo y otros ensayos
8.- Sexualidad infantil y neurosis
9.- Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de las neurosis
10.- Estudios en histeria
11.- La histeria
12.- El chiste y su relación con lo inconsciente

¿Continúa vigente su teoría del psicoanálisis?
Psicólogos debaten la vigencia de la teoría del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien se introdujo en la estructura de la mente y la conducta humana, además de haber creado una técnica terapéutica para tratar personas con trastornos psíquicos.
La psicoanalista Olga Martínez, egresada de la Universidad de las Américas, explicó a Crónica que la teoría de Freud continúa siendo válida porque le da dignidad a la palabra y al sujeto.
Freud es el creador del inconsciente, lo que llaman el psicoanálisis, a partir de esta teoría, el psicoanalista francés Jacques Lacan, retoma el concepto y la coloca justo en el punto donde estamos hoy, dijo la experta.
Las aportaciones de Jacques Lacan consisten en la posibilidad de trabajar con psicóticos y en un tiempo lógico, no cronológico.
Es decir, "durante la terapia, el psicoanalista de orientación lacaneana hace un cierre porque consideramos la importancia de que el último hecho que vivió la persona debe puntualizarse. Esto puede ocurrir en los 10, 15, 30 o 40 minutos de una sesión".
Olga Martínez lamentó que "la ciencia del psicoanálisis haya sido distorsionada por otras ciencias como la psicología de la cual sacan terapias a nivel conductual borrando la subjetividad del sujeto".

En contra parte, la psicóloga clínica Yolanda Rodríguez, egresada de la UNAM, señala que la teoría de Freud en su momento fue revolucionaria, sin embargo, hoy en día quedó rebasada.
La parte más rechazada en la actualidad es la referente a la sexualidad infantil, que la aduce como la principal protagonista del inconsciente adulto.
El padre del psicoanálisis afirmaba que ciertos patrones de conducta en la edad adulta tenían relación directa con situaciones vividas durante la infancia, sólo con la madre, detalló la psicóloga.
En el consultorio, "hacemos una revisión desde la infancia a partir de las relaciones con nuestros objetos amorosos: padre, madre y entorno. Analizamos cómo con el paso del tiempo surgen nuestras neurosis".

Las técnicas modernas hacen referencia al manejo de conductas, mediante la autohipnosis, gestalt, terapia conductual, terapia centrada en el cliente, frommiana, y de programación neurolingüística (PNL), entre otras.

Yolanda Rodríguez explica que la autohipnosis y la PNL consisten en llevar al paciente a un estado tal de relajación donde su conciencia no sea clara, para pasar a un estado de trance y modificar la información que tenemos del lado derecho del cerebro, corrigiendo en el inconsciente.
La terapia gestalt es más de movimiento que nos lleva a modificar estructuras y generar conductas a través del cambio de emociones.

CONSCIENTE: Aquellos de nuestros pensamientos de los que nos damos cuenta y de los que tenemos percepción.

SUBCONSCIENTE: Conjunto de pensamientos de los que podemos ignorar su existencia. Estos pensamientos no deben confundirse con los recuerdos remotos, sino que son más bien producto de emociones que han sido reprimidas.

* INCONSCIENTE: Aquí sí encajan los pensamientos que pueden llegar a ser conscientes sin daño para nuestro concepto de nosotros mismos, pero no lo son de manera inmediata.

* EGO o YO: La parte consciente de nuestra personalidad.

* ELLO: Conjunto de deseos y pasiones ocultas de nuestra personalidad, generalmente de carácter reprobable. Representa la cara oscura de nosotros mismos.

* SUPERYO o SUPEREGO: Parte de nuestra personalidad y concepto de nosotros mismos perfectamente adaptada a la sociedad en la que vivimos, que sigue perfectamente sus normas. Suele entrar en conflicto con el ello.

* EROS: Una de las pasiones o deseos básicos de nuestra naturaleza, el deseo del placer, en especial el sexual.

* TÁNATOS: El otro deseo, pasión o fuerza que mueve nuestra naturaleza: la influencia de la muerte

* COMPLEJO DE EDIPO: Según Freud todos los varones deseaban en la infancia poseer sexualmente a su madre y matar a su padre. En la edad adulta estos deseos se reprimirían. Este concepto lo sacó de una tragedia griega.
Las mujeres tampoco acababan bien libradas para Freud, ya que también inventó un "Complejo de Electra" para ellas.

* MECANISMO DE DEFENSA: La represión consiste en "olvidar" o retirar de la conciencia los recuerdos o deseos más inaceptables, que sin embargo seguirían afectando a la persona de una u otra forma.

* SUBLIMACIÓN: Los deseos más inaceptables se sustituyen por otros que son una transformación más aceptable de ellos. Así un pintor puede "sublimar" (otro de los mecanismos de defensa) sus deseos sexuales expresándolos en el acto de pintar.
Existen en la teoría de Freud otros múltiples mecanismos de defensa, como por ejemplo, la negación.

Fuente: cronica.com.mx

Fuente: aimdigital.com.ar

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