viernes, 11 de diciembre de 2009

Los "buenos" conductores

Resulta curioso escuchar el concepto que muchos conductores tienen de lo que para ellos es “conducir bien”.


Conducir bien” es tener claro que el significado del semáforo en ámbar es “aún pueden pasar dos o tres coches más”.

Conducir bien” es saber que se debe reiniciar la marcha cuando el semáforo de peatones pase a intermitente.

Conducir bien” es tener criterio propio para decidir cuál es la velocidad adecuada de circulación en las vías públicas, así como para decidir si un “stop” debería ser, en realidad, “ceda el paso”, o ninguno de los dos.

Dicho de otro modo, parece ser que “conducir bien” se fundamenta en cometer infracciones de tráfico: cuantas más infracciones, ¡mejor conducción!

¿Y qué pasaría si todos condujésemos así? ¿Qué pasaría si nuestro sabio criterio nos hiciese conducir a mayor velocidad que la permitida y, además, saltarnos un semáforo recién cambiado a rojo? La respuesta es obvia: otro buen conductor estaría reiniciando su marcha desde una vía adyacente, ya que el correspondiente semáforo de peatones estaría intermitente. Las consecuencias, son aún más obvias.

Pero para ser “buen conductor” hacen falta aún más cosas.

El “buen conductor” sabe que la señal de “prohibido parar” debe ser interpretada como “no aparcar durante mucho rato”, y sabe también que la mejor forma de prevenir que un coche en doble fila le bloquee la salida es anticiparse y ser él quien aparque en doble fila.

El “buen conductor” transmite sus conocimientos. Enseña a sus hijos y amigos más íntimos lo que se debe hacer para olvidar rápidamente las inadecuadas enseñanzas de autoescuela y se siente orgulloso de crear escuela. Y también enseña por las calles: gestos obscenos, alaridos y bocinazos son suficientes instrumentos docentes.

Pero seamos realistas. El perfil de conductor que hemos descrito, que suele corresponderse con el de una persona incívica y carente de todo respeto a los demás, debería ser una especie a extinguir y, lejos de intentar adquirir algunos de estos signos de “destreza”, deberíamos esforzarnos por corregir todos aquellos pequeños defectos que incorporamos a nuestro estilo de conducción.

Las normas de circulación están hechas para todos y el respeto a estas normas es una de las mejores garantías para disfrutar de una conducción segura.

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