lunes, 5 de octubre de 2009

DIA NACIONAL DE HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL TERRORISMO EN ARGENTINA


El 5 de octubre de cada año se ha fijado como Día Nacional de Homenaje a las Víctimas del Terrorismo en nuestro país, por coincidir esa fecha con un grave hecho de ese tipo, pero igualmente con casi plena seguridad podría haberse fijado cualquiera de las fechas del calendario ya que durante varios años las organizaciones armadas terroristas actuantes en nuestro país en el tristemente recordado período de actuación de la subversión, ya sea en épocas de gobierno de facto o con mayor salvajismo aún en vigencia de gobiernos democráticos, no dejaron pasar prácticamente un día sin que hicieran gala de sus instintos asesinos con atentados y ataques de todo tipo que dejaron un reguero de víctimas fatales, heridos, mutilados y afectados de todo tipo por esos bárbaros procederes.
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La excusa ideológica de querer fundamentar otro país sobre el que nos dejaran nuestros mayores cimentándolo en cadáveres, sangre, sufrimiento y llanto, fue suficiente justificativo para declarar la guerra a la sociedad argentina ejercitando la barbarie sobre particulares, militares, integrantes de las fuerzas de seguridad y policiales con el solo justificativo en la inmensa mayoría de los casos de vestir un uniforme y en definitiva de formar parte, aunque solamente fuera a titulo laboral, del estado al que se pretendía destruir.
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A la Policía de la Provincia de Buenos Aires le tocó en suerte en esos tiempos pagar con mucha sangre la búsqueda del logro de “los ideales” de quienes se constituyeron en dueños de vidas y haciendas de los demás ciudadanos al solo título de una autoproclamada representatividad general que nadie les pidió, sembrando el terror con bombas y ataques arteros, entre los cuales era común el asesinato de simples y humildes agentes de nuestra institución que desamparados esperaban el colectivo o cumplían una simple consigna y caían por el único hecho de constituir un mérito dentro de las bandas terroristas asesinas que así también se procuraban la pistola del funcionario abatido.
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La policía de la Provincia de Buenos Aires cuenta entre las víctimas fatales de estos asesinos al mayor número, incluso sumando todas las correspondientes a las fuerzas armadas, de seguridad y de las demás policías, además de los centenares de heridos y con secuencias psicológicas que aún sufren las consecuencias de esa guerra cuyos peligros significaban la zozobra constante no solo del efectivo policial, sino también de su grupo familiar ante el desprecio que por la vida de los demás se hacía gala en todo momento por parte de los terroristas.
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Nuestra institución se vio envuelta así en una guerra que nunca buscó ni quiso, con un enemigo que no reconocía derechos humanos de ningún tipo, al que no se podía eludir y si solamente enfrentar cuando se podía, y en la que por las razones que todos conocemos debió participar sin que le quedara posibilidad de opción, aunque hoy pocos y menos aún la justicia quieran reconocerlo, también con los resultados que todos conocemos, y más tarde, cuando parecía haber renacido la paz, nuevamente en pleno gobierno democrático, la hidra del terrorismo al levantar una nueva cabeza con el ataque al cuartel de La Tablada, obligó otra vez a nuestra institución y con ella a sus integrantes a enfrentar al mismo enemigo.
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Oportuno es recordar que los familiares de nuestros mártires y aún quienes sobrevivieron a sus heridas, aunque no se les reconozca tiene el carácter de verdaderos héroes que supieron asimilar su desgraciado destino a las obligaciones propias de su condición y orgullo de policías y nunca convirtieron su drama en un mero reclamo de resarcimiento económico seguramente porque siempre los animo un convencimiento más profundo que a aquellos que habiendo perdido en la contienda armada supieron buscar la forma de obtener no obstante, un rédito personal a costa de las arcas del estado al que habían procurado destruir y encima ufanarse de sus crímenes.
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A pesar de la parcialidad con que hasta ahora se han juzgado estos tristes hechos y la actuación del terrorismo en nuestro país, tenemos plena confianza que aún ante la indiferencia de la justicia, la historia tarde o temprano reivindicará su sacrificio no porque necesiten de ello, sino porque significa nada más y nada menos que lo verdaderamente justo.
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APROPOBA, 5 de octubre de 2009.
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MIGUEL ANGEL REYNOSO
Secretario General

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