lunes, 15 de junio de 2009

COMICIOS EN IRAN






La República Islámica de Irán celebra
comicios presidenciales únicos y cruciales






Ahmadineyad arrasó:
Se fortifica la línea dura
de los halcones
nucleares.



Según el Ministerio del Interior iraní, Ahmadineyad obtuvo el doble de votos que su principal contrincante electoral, al superar el 63% de los sufragios, frente al 30% conseguido por el reformista Mir Hossein Mousavi, en unas elecciones que contaron con una participación popular "sin precedentes".



Los otros dos candidatos, el reformista Mehdi Karubi y el conservador Mohsen Rezai, obtuvieron menos de 2% cada uno, según los resultados preliminares.
De acuerdo con el cómputo oficial, el actual presidente habría obtenido al menos 18,8 millones de votos, mientras su rival se ubicaría a una considerable distancia, con un poco más de 9 millones.
En los últimos días, la prensa internacional manipuló acción psicológica cruzada para minimizar la chance reelectiva de Ahmadineyad y reforzar la expectativa del "cambio progresista" sostenido por el principal rival de Ahmadineyad, Mir Hossein Mousavi, que propone políticas de acercamiento con Israel y EEUU.



Ahmadineyad lo duplicó en votos y zanjó la discusión a favor de la línea dura que sostiene contra viento y marea la conversión de Irán en potencia nuclear.
El triunfo de Ahmadineyad no es un dato menor: Irán es un jugador clave en el tablero de la guerra (por ahora fría) por el control geopolítico militar de los recursos energéticos del denominado "triángulo petrolero" Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente.



El entramado estratégico de las redes energéticas del eje Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente (más del 70% de las reservas mundiales) define no solamente el destino del planeta a corto y mediano plazo sino que también define si el planeta va a llegar a su destino vivo o muerto.

En ese escenario, Irán, un gigante que comparte fronteras con Irak, Turquía, Afganistán y Pakistán, que limita al noreste con el Mar Caspio y toca al suroeste sus fronteras con el Golfo Pérsico, se convierte en la caja de resonancia estratégica de cualquier conflicto que estalle en el Cáucaso o en los corredores euroasiáticos del gas y petróleo.



En ese polvorín de la "guerra energética", todo lo que pasa repercute en Teherán y en sus fronteras, y todo lo que pasa en Irán se expande rápidamente a sus vecinos, y, todos juntos, representan el corazón estratégico de la guerra intercapitalista por áreas de influencia y recursos energéticos que disputan Rusia y el eje USA-UE.


Además, un posible panorama de la resolución de la guerra energética intercapitalista se complementa con el cuadro de la crisis económica estructural del sistema capitalista que ya se proyecta con una amenaza de recesión y despidos masivos de trabajadores a escala global.


El punto de convergencia de ambos factores, la guerra energética y la crisis económica-financiera, marca las agujas del reloj del sistema capitalista a escala global. Ambos se retroalimentan para detonar un desenlace encadenado.

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