lunes, 16 de febrero de 2009

TESTIMONIOS DE SOBREVIVIENTES DE LAS TORRES GEMELAS




















Huérfanos de las Torres GEMELAS



ATACADAS EL 11 DE SETIEMBRE DE 2001

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos consternaron al mundo y marcaron el camino del nuevo siglo. El ataque al país más poderoso del planeta seguirá influyendo en las decisiones de la comunidad internacional por muchos años.


Pero las tragedias tienen nombres propios -en el caso de Nueva York, miles. Cuando se desplomaron las Torres Gemelas del desaparecido World Trade Center, se derrumbó también el mundo que hasta ese momento habían conocido los huérfanos de las Torres.

En la primera entrega de esta serie especial de BBC Mundo, nuestra colaboradora en Nueva York, Marcela Hughes, le entregó cámaras, lápices de colores y nuestros micrófonos a los niños de cuatro familias que sufrieron la pérdida de un ser querido.
Ellos nos cuentan cómo han sobrevivido a la tragedia.

Juan y Diego López
Juan López (izq.) y su hermano Diego rezan por su padre Leonardo, "que está en el Cielo".
Diego y Juan López son hermanos. Juan nació el 11 de julio de 1994. Diego, dos años después.


Su padre, Leonardo, trabajaba en el piso 107 de una de las torres gemelas de Nueva York. Allí se encontraba en la mañana del 11 de septiembre de 2001, mientras su familia aún residía en San Pablo Anicano, estado de Puebla, México.










Por demoras en el proceso de inmigración, Imelda Reyes y sus dos hijos sólo pudieron llegar a Nueva York tres meses después de que se cayeran las Torres.


Leonardo era indocumentado, y su familia lo vio por última vez en 1996. Regresar a México le implicaba pagar al "coyote" (traficante de personas) un dinero que no tenía.
Leonardo sigue desaparecido.

********************************** Samantha tenía 11 años.


Su padre, Sandy Ayala, trabajaba como supervisor del restaurante Windows de las Torres Gemelas. Aún sigue desaparecido.
A Samantha le gustan las matemáticas, pintar y cantar; le encanta hablar con la gente para que sepan cómo es ella.




Sin embargo, siente mucho la falta de su padre, con quien "dialoga" por las noches.
Samantha encontró en la pintura una forma de expresar sus deseos y de llenar de color el vacio que dejó la partida de su papá.